Durante los siglos XVIII y XIX, la figura del “hombre del hielo” con su carro de servicio a domicilio era una figura popular en cualquier ciudad de muchos países.
El hielo no sólo se repartía a domicilio y a nivel local: en 1805 el americano F. Tudor envió 240 toneladas de hielo del río Hudson a La Habana. Durante todo el s. XIX Estados Unidos dominó este comercio de hielo, llegándose a finales de siglo a comercializar más de 30 millones de toneladas al año. |